
Quizás
el registro de la comida más famosa en la Historia, sea la última
Cena de Jesús con sus doce Apóstoles entre el año
1 y 1000.DC.
El Emperador romano Trajano, crea el primer gremio de Panaderos-Siglo
I. En Alejandría una alquimista llamada Mariana o María,
inventa el baño María y alrededor del siglo VI . los monjes
de San Benito, construyen la abadía en Monte Cassino-Italia.
Se le debe muchísimo a los monasterios no por el afán
de glotones que tenían los monjes sino por el haber guardado
los manuscritos de las civilizaciones o sociedades que se derrumbaron,
como los Romanos y por el incesante espíritu de superación
o perfeccionamiento que tenían ellos.
El espíritu de superación lo tenian porque no hacían
otra cosa y la perfección se la ofrecían a Dios.
No olvidemos que el Monasterio de Guadalupe era la cuna de la mejor
cocina conventual de España, en el siglo XIV.
El Arcipreste de Hita en su libro de Buen Amor presenta la batalla simbólica
entre Don Carnal, la imagen de la gula y la lascivia, y Doña
Cuaresma, la imagen de la austeridad y la abstinencia de cualquier placer.
El Carnaval era la época de las carnestolendas, en la que los
cristianos tomaban carne y tenían excesos alimenticios para prepararse
para la Cuaresma, período de austeridad y recogimiento de la
iglesia. La Cuaresma despertó el ingenio de los cocineros y las
amas de casa para sustituir la carne por el pescado guisado de mil formas
diferentes. Las condiciones de transportar el pescado de un lugar a
otro de la Península obligaba a salarlo o ahumarlo con el fin
de que fuera posible su conservación. Uno de los pescados en
salazón que más se consumían era el bacalao, que
además es uno de los productos más típicos y antiguos
de la cocina vasca.
Por otro lado, la calidad y riqueza de las despensas de los conventos
fue proverbial y de ellas salieron un buen número de recetas,
y puede decirse que buena parte de la gastronomía española
nació precisamente en los conventos y en los monasterios. Algunas
de las recetas traspasaron los muros conventuales y se extendieron por
el país con nombres que en muchos casos aluden claramente a su
origen: huevos de clausura, o suspiros de monja. La mayoría son
recetas extraídas de los conventos pobres, fáciles de
llevar a cabo.
El Camino de Santiago que los peregrinos empezaron a recorrer en el
siglo XI impuso la creación de hospitales y albergues para los
caminantes que pedían cobijo. A lo largo de la Ruta Jacobea se
popularizaron las sopas de ajo que todavía hoy se preparan para
los peregrinos que piden cobijo en el Monasterio de San Juan de Ortiga,
en la provincia de Burgos.